El Asesoramiento en Propiedad Intelectual se hace imprescindible en ámbitos específicos como podría ser el de la Literatura.

El mundo del libro es uno de los sectores del entretenimiento que más está sufriendo la piratería actualmente.

Mientras en otros ámbitos van estancándose o incluso descendiendo los índices de descarga (música o series de televisión), en el entorno literario cada vez son más los usuarios que optan por el consumo de contenidos ilegales.

Quizás sea su formato físico, ligado al papel desde tiempos inmemoriales, lo que haya hecho que el batacazo económico que supone la piratería, especialmente en internet, se haya retrasado o quizás ralentizado en este sector.

En otros ámbitos, como el musical o audiovisual, ha primado desde sus inicios el acceso al contenido independientemente del formato; en cambio, en el caso del libro, la edición física ha seguido y sigue teniendo mucho peso dentro de la industria, lo que ha ido amortiguando el impacto pirata durante mucho más tiempo que en el resto.

Los amantes de la literatura prefieren ver el libro, pasar las hojas, notar el tacto de sus tapas, blandas o duras, y sentir en sus yemas la textura de sus páginas.

No obstante, desde hace algún tiempo, el desarrollo tecnológico nos brinda la posibilidad de la lectura digital a través del ya conocido “e-book”, ofreciéndonos grandes ventajas en cuanto a almacenamiento y portabilidad, entre otras. Indudablemente, las diferencias entre una y otra experiencia de lectura son abismales pero, pese a todo, cada vez son más los lectores que optan por este nuevo universo en el que las historias se suministran a través de cápsulas digitales.

Según nuestro criterio, el cambio o la coexistencia de formatos no debería verse como algo estrictamente negativo, sino como una circunstancia que presenta nuevos retos, como es el caso de internet y la piratería online, a los que tenemos que saber adaptarnos, pero también nuevas oportunidades, de las que tenemos que saber aprovecharnos.

Lo queramos o no, Internet favorece enormemente la difusión (difícilmente controlable) de contenidos ilegales en formato digital, lo que presenta un grave problema.

Es por ello que las industrias han de hacerse lo más rápidamente posible a este medio y no únicamente tratar de luchar contra él, sino utilizarlo a su favor. Algunas de ellas, como la musical o la audiovisual, llevan ya ventaja en esta tarea. La estrategia por la que han optado ha sido, desde hace ya algunos años, la creación de plataformas de streaming con un amplio catálogo de contenidos y novedades, y con una tarifa o suscripción económicamente aceptable.

Estas plataformas, aparte de facilitar un acceso más cómodo y seguro, ofrecen contenidos seleccionados y categorizados por su género y calidad, haciendo la experiencia del usuario mucho más placentera, brindando además la posibilidad de explorar y conocer a artistas u obras afines a nuestros gustos, y garantizando buena definición tanto de audio como de vídeo.

Podemos afirmar por ende, que son estas plataformas, entre ellas: Spotify / Itunes / Netflix / Filmin, las que están combatiendo realmente el pirateo en su sector, pero…

¿Qué sucede en el mundo del libro?
¿Puede combatirse del mismo modo?
¿Resulta igual de interesante o atractivo este tipo de plataforma a nivel literario?

En nuestra opinión, podría ser una buena estrategia pero, por el momento, no parece estar dando resultados tan positivos como cabría esperar. Según los informes de La Coalición de Creadores al respecto, el lucro cesante de la industria literaria en nuestro país sigue en aumento, así como el número de contenidos descargados de manera ilegal en la red.

Según los datos del informe, en el año 2015 los contenidos pirateados aumentaron en un 4%, ascendiendo a cifras de hasta 390 millones de contenidos ilegales. En total se estima que el lucro cesante de la industria, es decir lo que está dejando de percibir, asciende a unos 103 millones de euros.

Según las encuestas, los motivos principales que llevan a los usuarios a acceder a contenidos de manera ilegal son:

1) el elevado precio de los productos

2) el fácil acceso a través de la web

3) la creencia de que con ello no se hace daño a nadie.

Las dos primeras son susceptibles de mejora por la industria, que ha de facilitar cada vez más un mejor acceso a contenidos a través de plataformas de bajo coste. En el caso de los libros esto ya sucede, pues el precio en digital suele ser considerablemente menor que en papel, pudiendo encontrar libros cuyo precio se reduce de 20 euros a 3 o 4 euros en digital.

Por otro lado, la excusa de no hacer daño a nadie no es del todo sostenible. Como podemos comprobar, por cada contenido al que se accede ilegalmente se genera un lucro cesante que supone, obviamente, un enorme daño a los creadores y otros titulares de derechos.

Por si esto no fuera poco, aunque no seamos conscientes, en muchas ocasiones estamos generando beneficios que van a parar a individuos que no tienen nada que ver con la creación de la obra, su producción, edición o comercialización; se trata simplemente de sujetos que se han apropiado de algo ajeno y se están dedicando a hacer negocio con ello.

Aunque no nos demos cuenta, la mayoría de las páginas que alojan este tipo de contenido, alojan también publicidad, lo que genera sin lugar a duda unos ingresos que jamás llegarán a ninguno de los autores o editores del producto.

A este respecto, se ha producido recientemente en Valencia una detención importante para el negocio editorial. Se trata de uno de los “uploaders” más activos en este ámbito, que habría subido cerca de 11.000 contenidos ilícitos a la red y era suministrador de más de 400 páginas de enlaces para su descarga.

Según han informado los investigadores, se dedicaba a adquirir los libros electrónicos de manera legal, procediendo después a desactivar las medidas de protección y anti copia para subirlos posteriormente a sus servidores.

Se trata de la primera detención que se realiza contra un proveedor de contenidos literarios, pero puede ser el camino a seguir para evitar la proliferación de los mismos en internet. Contra el usuario no se puede ir, puesto que es muy difícil de controlar y su acción no constituye por norma general un ilícito penal; contra las páginas de enlaces tampoco, pues se cierra una y abre otra en cuestión de días; pues finalmente nos queda la opción de perseguir a aquellos que suministren masivamente contenidos a la red.

En conclusión.

La solución como vemos no es fácil, pero lo que es seguro es que en el caso del libro pasa por cuidar y hacer cada vez más atractivas las ediciones en papel, crear nuevas plataformas online que nos reporten mayores beneficios como usuarios que la mera descarga ilícita, concienciar a la sociedad de lo que supone la piratería para los creadores y editores, y emprender acciones legales contra aquellos usuarios de internet que proveen de contenidos a la mayoría de páginas de descargas.

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