El pasado sábado 24 de septiembre, los australianos “Dirt River Radio”, llegaron a Zaragoza con una caravana repleta de sonidos country, folk y rockabilly, que parecían haber ido recogiendo en su camino a nuestra ciudad, por las estepas más áridas del viejo oeste americano, electrizándolos después en una cocktelera de distorsiones al más puro estilo de sus paisanos AC/DC, combinadas diestramente con la sutileza y nitidez de las baladas al más puro estilo Foo Fighters.

Su formación, la clásica en todo grupo de rock, con mucha presencia de guitarras entre sus filas, era la siguiente: Cantante principal con guitarra eléctrica / Guitarrista solista / Bajista / Batería / Coristas.

Un directo muy potente. La banda sonó con solidez desde el primer acorde hasta el último, empastando bien y cayendo contundentemente en todos los breaks con el impulso eléctrico de las viejas glorias del rock. La energía fluía bien a través de sus cuerpos, conectándolos, y manejando bien las dinámicas, que crecían hasta el estribillo suavemente para hacerte vibrar a su llegada con melodías que en ocasiones sonaban a antiguos himnos del rocknroll.

Un sonido elegante. Aparte de la potencia y electricidad que despedían sus guitarras, había ciertos elementos que hacían la propuesta aun más interesante, aportando un toque de finura y sensualidad a la misma. En primer lugar, los coros, dos voces femeninas se encargaban de aportar cierto erotismo a los temas, endulzando casi sin quererlo la crudeza de las distorsiones. En segundo lugar, las líneas de bajo y los detalles del guitarra solista eran delicados y aportaban ligereza en las estrofas, lo que hacía que la voz pudiera reposar sus versos sobre un sofá de susurros microfoneados, sin tener que desgañitarse todo el rato. Por último, el hecho de que intercalasen baladas con canciones más rocknroleras generaba un buen balance vibracional que fluía de manera muy natural, sin crear una amalgama desentonada, aportando dinamismo.

Un toque macarra. Efectivamente, tanto su look como sus comentarios entre canción y canción, tendían un tanto hacia la irreverencia y chulería propia del gremio rockero. Entre la barba kilométrica del bajista, las melenas del cantante, el tupé al puro estilo Elvis Presley que llevaba el guitarrista, las conversaciones delirantes del cantante con un tal Jack mientras miraba fijamente a su copa whisky, y el hecho de que tuvieran una canción que denigraba a una sociedad que sólo hablaba de football, sumado a que el guitarrista añadió al acabar: “Fuck football. We are rockabilly people, we dont like football”, generaban un buen cuadro de moderada y divertida rebeldía.

Una sensación de unidad. El hecho de que todos los componentes de la banda tuviese un micro delante y cantasen juntos en la mayoría de los estribillos, además de dar fuerza musicalmente hablando, generaba la grata sensación de que estaban bien unidos, iban todos a una, aquello era una banda y no una orquesta de cabos sueltos a ella amarrados.

Por todo ello, puedo decir que la velada fue muy satisfactoria, y puedo aconsejar sin miedo a equivocarme, a cualquier amante de este estilo de música, que no se pierda su directo, ya sea en su gira por España o en cualquier otro lugar en el que aterricen con su caravana del desierto.

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