El pasado 12 de Octubre, de nuevo en el escenario mágico de la plaza San Bruno, tuvimos la ocasión de asistir a otra interesante cita con la música, de la que yo personalmente destacaría la actuación de dos grupos: los maños TheDiggers con sus temazos souleros y la banda americana de Nik West.

TheDiggers es una banda de reciente aparición en la escena musical de Zaragoza, pero que ya ha dado buena cuenta de su talento y pulcro sonido en algunas de las salas más importantes de la ciudad, como por ejemplo la King Kong o la López. Su propuesta se basa fundamentalmente en versiones de temas clásicos del soul como (Lovely Day / Take me totheRiver / Going in Circles), pero también incluye algún tema de su propia cosecha, como Outofyourway, del cual se ha lanzado recientemente un videoclip, dirigido y editado por Javier Serrano.

Su concierto en la plaza San Bruno estuvo en la línea de siempre; un sonido limpio, instrumentalmente bien empastado y con un dinamismo con el que suavemente nos mecían entre susurros románticos y grooves sexualmente desenfrenados. Su directo no es un directo agresivo, es un directo atmosférico, y se trata de una atmósfera que fácilmente te envuelve, te transporta desde un sillón y un vaso de bourbon hasta una cama deshecha repleta de dulces musas que te acarician y cantan al oído. Sí, lees bien, a eso suenan los Diggers y a esos lugares nos transportan. Se trata de una experiencia sensorial que no tiene desperdicio.

En cuanto al Concierto de Nik West, lo primero que deberíamos hacer sería quitarnos el sombrero y decir “chapó”, ya que, a nivel de directo, nos guste más o menos su estilo funkadélico, la actuación estuvo a un nivel estratosférico.

La banda Norteamericana, cuya figura principal era la cantante, bajista y casi “acróbata” Nik West, sonó desde el minuto 00:01 con una fuerza y un poderío que echaban para atrás a la vez que atraían hipnóticamente hacia el escenario. Las bofetadas de sonido y ritmo no tardaron en llegar a nuestras jetas para despertarnos de los letargos románticos sobre los que nos habíamos recostado previamente, para animarnos ahora sí a dar saltos sobre esa cama deshecha, preparada por las excavadoras del soul, de la cual habían desaparecido ya las musas virginales de dulces voces, dejando paso a una única mujer, Nik West, que saltaba enérgica y desenfrenadamente a nuestro lado, para hacernos vibrar con su ritmo de caderas imposibles.

Y es que, a decir verdad, aquella mujer no paraba quieta allí arriba. Cuando no cantaba, bailaba. Cuando no bailaba, caminaba de un lado a otro del escenario. Y cuando no caminaba, se marcaba un solo arqueando su cuerpo, adoptando posturas de lo más atléticas y sensuales, como si fuese una pantera trepando por el mástil o una musa postrándose ante los dioses. Apenas soltaba el bajo, el cuál aporreaba, slapeando con fuerza y clase a la vez, y manteniendo una postura chulesca, como quien sostiene un bazoka o una metralleta en lugar de un instrumento, con esa seguridad de: “si quiero te mato de un cañonazo de Funk en las pelotas”. Desde luego, su imagen era la de una mujer de armas tomar; su presencia era imponente; su música apabullante; su vestuario extravagante; y su talento innegable.

El resto de la banda tampoco se quedaba atrás. Ninguno brillaba como ella sobre el escenario, pero todos tenían su momento para mostrar que poseían un dominio del instrumento difícilmente superable. Al batería tardaron en ajustarle el set aproximadamente la primera media hora; el tío era una auténtica bestia y aquello parecía que se fuese a desmoronar bajo sus baquetazos infernales. El teclista también tuvo problemas con el soporte de sus múltiples teclados, pues tocaba con tanta energía que a la estructura le entró el tembleque y los técnicos tuvieron que salir a sujetárselo mientras tocaba. El guitarrista no tuvo problemas técnicos, pero no por ello fue menos tremendo; quizá fuera de los que más me gustase. Tenía un sonido limpio, tipo Strato, siempre entre la zona media y alta de la guitarra, muy rítmico, muy funk y muy bien tocado, con mucha elegancia y si cabe discreción. Por último los coros le daban el toque definitivo a la propuesta. Dos voces realmente espectaculares que respondían, como inmersas en un ritual chamánico a las preguntas musicales que Nik lanzaba sobre las cabezas del público.

En conclusión, una de las mejores veladas musicales de los Pilares 2016. Ambos grupos son de lo más recomendable, eso sí, cada uno en su estilo. Desde lo sensual de los Diggers al desenfreno de Nik West, todo es válido, todo es bueno, y además combina a la perfección. ¿Qué más se puede pedir?

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