La industria del videojuego está creciendo enormemente en la actualidad. A día de hoy se postula como una de las grandes alternativas de ocio, plantando cara al cine, y acercándose, a grandes pasos, a cifras que no se alejan demasiado de las que pululan sobre las grandes producciones de Hollywood.

Puede resultar difícil comprender cómo, pero lo cierto es que la producción de un videojuego implica el desarrollo de múltiples elementos (informáticos / gráficos / de sonido) que requieren de un trabajo minucioso por parte de los especialistas, además de un gran despliegue de medios tecnológicos. Por otro lado, tenemos que tener en cuenta que, mientras una película nos proporciona una media de dos horas de entretenimiento, los videojuegos, como poco duran unas ocho o diez horas, pudiéndose duplicar o triplicar dicha duración en algunos casos.

Al igual que sucede en las producciones cinematográficas, en los videojuegos, muchos elementos de los que son desarrollados para su creación son susceptibles de protección por “derechos de autor”; es decir, hay una implicación creativa en su elaboración. A diferencia de en la obra cinematográfica, aquí no hay claridad en cuanto a su concepción global como obra, pero de lo que no cabe duda es de que dentro de los mismos hay elementos diferenciables que se pueden proteger de manera aislada o independiente del resto. Entre ellos, los principales serían los siguientes: el arte gráfico / imagen, la música (banda sonora), el guión / argumento de la historia, el código de software (permite la interacción con el juego), los personajes, la interpretación de artistas, deportistas o personajes famosos (derechos conexos). No son los únicos, pero sí los fundamentales y los que más nos interesa proteger.

Pero no solo los derechos de autor tienen relevancia; así como en el cine, también aquí van a jugar un papel importante los derechos de imagen. En las películas es obvio que lo hacen, puesto que en ellas aparecen numerosos rostros de actores, actrices y figurantes, pero, aunque de manera diferente, los videojuegos también se nutren de la imagen, la voz y otros elementos de la personalidad de actores, celebrities e incluso deportistas, para dar vida a sus personajes. Es por ello que en la producción de este tipo de videojuego debemos tener muy en cuenta los derechos de imagen y la importancia de recabar todas las autorizaciones pertinentes.

Al tiempo que esta industria va creciendo más y más, y sobre todo, expandiendo su rango de potenciales clientes (hoy en día ya no son sólo los jóvenes, sino también niños y adultos; lo que ha sido favorecido especialmente por la llegada de los smartphones, tablets, etc) va cobrando cada vez más importancia un elemento que ya estaba presente en la industria audiovisual desde mucho tiempo atrás, que es la “publicidad”. Dado que la del videojuego es una experiencia mucho más personal e interactiva que la del visionado de una película, no es de extrañar que la figura del “product placement” u otras figuras publicitarias tengan también su equivalente en el mundo virtual. Se trata de un nuevo tipo de publicidad en la que observamos a nuestro personaje utilizando determinado producto que existe a su vez en nuestra realidad “no virtual”, o nos encontrarnos con anuncios de marcas insertos en los escenarios o elementos gráficos del juego que simulan en muchos casos la realidad misma, como por ejemplo la cartelería en un estadio de fútbol. Lo realmente diferenciador de este tipo de publicidad es que conecta al jugador con una experiencia satisfactoria mientras está jugando, generando en él una asociación o visión positiva del producto o marca en cuestión.

Esto aún alcanza una mayor dimensión cuando hablamos de “Realidad Virtual”. En la actualidad este término está en boga, y no es para menos, pues la mayoría de empresas del sector tecnológico están centrando sus esfuerzos en desarrollar y comercializar este tipo de videojuego o más bien “experiencia virtual”. El futuro claramente está en la interacción entre el mundo real y el ficticio que proponen los nuevos desarrolladores. Ya hoy en día asistimos a un fenómeno sin precedentes como es el “Pokemon go”, que todos podemos utilizar en nuestro teléfono y que conecta lugares reales de nuestro entorno con la localización de personajes virtuales que vemos a través de nuestro smartphone. Pero, ¿qué sería de esto si en lugar de verlos a través de una pantalla, fuésemos más allá y los viésemos a través de unas gafas que recreasen una realidad diferente a la que nos rodea, o simplemente un poco modificada? Ya hay empresas como Google o Facebook pensando e invirtiendo en esto. Sin lugar a duda abre nuevos campos de negocio e infinitas posibilidades para la publicidad, pero también plantea nuevos retos y problemas en el ámbito moral y legal.

Sin ir más lejos, los derechos en materia de protección de la intimidad, honor y propia imagen, así como la protección de datos personales, adquieren nuevas dimensiones, podríamos decir, de carácter pseudo-virtuales. Parece obvio que cuando hablamos de mezclar realidad y ficción en un mismo juego hemos de ser conscientes de que implica el procesamiento de una gran cantidad de datos personales, cuyo trato debería ser autorizado por cada uno de los usuarios respectivamente, pero no todo el mundo es consciente del uso que se hará de sus datos. A su vez, si interactuamos con otros jugadores, tendríamos acceso también a los datos e incluso la imagen de la persona con la que interactuamos. Esto supone un tratamiento por terceros, así como en cierto modo una injerencia en la intimidad de otra persona, que aunque sea en una realidad virtual está vinculada de algún modo a la del mundo real. Por ello es importante que el derecho fije los límites de esta injerencia y delimite hasta qué punto, en qué ámbitos y en qué términos, es suficiente la mera autorización de los usuarios para que pueda llevarse a cabo.

Por todo ello y por mucho más la industria del videojuego es una industria en auge, que presenta muchas nuevas oportunidades y nichos de negocio, pero que a su vez plantea numerosos retos e incertidumbres a nivel legal, social y moral.

Share This

Comparte

Comparte este post con tus amigos!